La libertad como respuesta

Nuevos liderazgosEducación Febrero 23, 2021

Creo que no me equivoco al afirmar que casi  todos los colombianos, de una u otra forma, una  vez se declaró la pandemia, no veíamos problema  con que se decretara una cuarentena para que  el gobierno pudiera resolver los asuntos de las  UCI, creara protocolos y generara estrategias  para responder a la situación. Pero creo que  tampoco lo hago al decir que ninguno se imaginó que 127 días después seguiríamos confinados,  con más restricciones que nunca, sin las UCI  suficientes, gobernados a punta de decreto y en  manos de nuestros alcaldes, sin nada bueno que  contar, solo aumentos en la cantidad de contagios y muertes por el Covid-19, desempleados,  pobreza, empresas cerradas, descontento  social, entre otras cosas. 

Aunque la medida del confinamiento prolongado ha demostrado ser peor que la enfermedad,  porque ha dejado más caídos en el camino que  el mismo virus, abriendo la puerta del hambre, la  pobreza y el desempleo, algunos sectores insisten en la necesidad de continuar con este, acompañado  de medidas asistencialistas. 

Y, aunque presentan la propuesta de tinte autoritario como única forma eficiente para afrontar el virus,  junto con una serie de restricciones y sacrificios de  las libertades individuales y económicas en pro del  bienestar público, no hay prueba, nacional o internacional, que dé cuenta de ello. 

Todo lo contrario, al ver los países que mejor han  afrontado la pandemia – tanto en materia de salud  como en lo económico- listados por la Revista  Times, podemos ver que están Taiwan, Singapur,  Australia, Hong Kong, Suiza, Alemania y Canadá.  Dichos países son considerados de los más libres  del mundo según el último Index of economic freedom de Heritage Foundation. Este índice, que  mide cuatro dimensiones (Estado de derecho,  tamaño del estado, eficiencia regulatoria y mercados abiertos), los sitúa dentro del top 30. 

Que estos hagan parte de este grupo no es una  mera coincidencia o casualidad. En este contexto,  la libertad fue la respuesta a la crisis. Permitió tener  economías más robustas que lograron soportar el  choque, había mayores niveles de integridad  gubernamental, mayor eficiencia y no tuvieron la  necesidad de prolongar medidas que fueran en  detrimento de la libertad individual por largos  periodos como sigue pasando en Colombia. 

Si la evidencia está sobre la mesa ¿a qué se debe la  insistencia en este tipo de medidas que restringen  la libertad? Partiré de la premisa de que la crisis  generada por el Covid-19 abonó el terreno para el  discurso populista. Los populistas se han encargado de hablar en términos de un falso dilema entre  salud y economía para ganar adeptos e imponer  sus ideas y sueños políticos. El manejo de esta  dicotomía y la creación de un panorama “ellos  contra nosotros” es lo que ha permitido que se use  la salud como una excusa para inmiscuirse en  nuestras vidas y restringir las libertades. 

Con la excusa de la salud se nos ordena quedarnos en casa si sufrimos de obesidad, de hipertensión  o diabetes; si queremos un café debemos esperar una semana, esperar el turno, asegurarnos que  no haya toque de queda y salir en los horarios  establecidos. Adicionalmente, impulsan medidas  asistencialistas y populistas proponiendo aumento de impuestos, creación de renta  universal y repartir subsidios, haciendo el Estado  cada vez más grande e indispensable para la  vida social. Aunque todas estas medidas parecen loables y deseables, la presencian in crescendo  del Estado en nuestras vidas, su constante intervención y negativa hacia la economía de  mercado, resultarán en efectos devastadores para el desarrollo de nuestro país y la calidad de  nuestra democracia. 

Colombia ocupa actualmente el puesto 45 del índice de libertad económica, situándose dentro de los países considerados moderadamente libres. Si como colombianos no actuamos ante estas personalidades que han hecho de la coyuntura su terreno político y, no reaccionamos en las urnas el próximo 2022, no solo perderemos puntos en el índice de libertad, sino que habremos dado un paso, por no decir varios, atrás en la  lucha por la libertad, el desarrollo y nuestra  democracia. 
Finalmente, siendo consciente de los ejemplos  y los precedentes internacionales, como  colombianos debemos exigir mayores libertades, no solo civiles, sino de mercado que permitan  y faciliten los emprendimientos, que promuevan las pequeñas y medianas empresas, se busquen estrategias para la formalización del empleo,  se creen más y mejores oportunidades, se  propenda por un desarrollo sano y sostenible;  todo con miras a superar la crisis sin sacrificar  los pilares de la democracia y prepararnos  para futuras coyunturas. Quiero recordar a  todo aquel que lea esta columna lo que alguna  vez leí: la prosperidad genera salud, mientras  que la pobreza conduce a la muerte. Perpetrar  medidas autoritarias en “pro” de la sociedad, es realmente ir en contra de ella.


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