Lo que no dijo la Minga

Narrativa históricaEconomía Julio 26, 2021

¿Quién ronda y verifica las millonarias apropiaciones que se hacen a favor de comunidades indígenas?

Si una minga es una reunión de amigos en la que “circula la palabra, se piensa y se construye un modelo de vida compartido”, según lo que nos dijeron los líderes indígenas que llegaron hasta Bogotá, bien vale la pena aprovechar ese espacio de reflexión para mirar hacia adentro y no solo para lanzar reclamos, arengas y peticiones hacia afuera. Al fin y al cabo, los amigos deben decirse la verdad.

La minga, que, de acuerdo con sus organizadores no ha terminado todavía, podría dar ejemplo de transparencia y sinceridad, y contarle al país qué han hecho algunas de las comunidades indígenas con los recursos recibidos en los últimos años. La Contraloría publicó en el primer semestre de 2020 un larguísimo reporte de más de 2700 páginas en el que llama la atención sobre las inversiones o, mejor, sobre el despilfarro de algunos de los miles de millones de pesos asignados a los indígenas en distintos lugares de Colombia. En el informe, que comprende de 2015 a 2019, se habla de 10 indagaciones preliminares, 87 procesos de responsabilidad fiscal y la no despreciable suma de $ 30 000 millones con aparentes irregularidades.

Hay líos serios de plata que no se sabe a dónde fue a parar en el Amazonas, La Guajira, Nariño y Sucre. En Puerto Gaitán (Meta), está el hallazgo que más preocupa: cerca de $ 8000 millones que debieron invertirse en una institución educativa del resguardo Wayoco y que “no aparecen o presentan anomalías”, en los términos de la Contraloría, mientras es posible evidenciar a simple vista que las obras nunca se hicieron.

Según un informe del periodista Óscar Ramírez en Noticias RCN, “en 23 de los 29 departamentos que cuentan con resguardos indígenas se presentaron deficiencias, entre ellas la no suscripción de contratos de administración y, en otros casos, el no reporte de estos”.

¿Qué se hizo esa plata? ¿Quién ronda y verifica esas apropiaciones?¿O es que resulta políticamente incorrecto pedirles explicaciones a los indígenas sobre los millonarios desembolsos que les hace la nación? ¿No es la minga un espacio también para discutir sobre estos temas? Tal vez lo que suele ocurrir es que los políticos de turno se dedican simplemente a girar recursos para desactivar paros y luego nunca les hacen acompañamiento a esas obras o jamás preguntan si la plata se destinó correctamente, sino que vuelven a girar de la chequera de los colombianos para evitar nuevos bloqueos de vías, sin dar un debate de frente y abierto sobre lo que ocurre.

¿Cómo así que algunos indígenas piden recursos para la construcción de centros educativos o de salud que impacten positivamente la vida de sus comunidades, y según este informe de la Contraloría, “la gran mayoría de los recursos son ejecutados en compra de bienes de consumo inmediato”? Ninguna cosmovisión, por diversa que sea, o estilo de vida alterno o comprensión paralela del universo, justifica la dilapidación de tanta plata que debería invertirse en la salud y la educación de los niños indígenas y los más pobres y desprotegidos en esas comunidades.

Todo lo demás, me disculpan, es un robo y debería tener responsables. Si la minga fuera ese espacio para resolver preocupaciones entre hermanos, debería servir, entonces, para hablar con honestidad del destino que se les da al 43 % de los 2,9 millones de hectáreas del Cauca que se han convertido en resguardos improductivos, según reportaba La República hace unos días. Hay cosas que no se dijeron en la minga, pero que, por incómodas que parezcan, deberían conocerse, difundirse y discutirse entre la opinión pública.

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