Populismo cegador

Nuevos liderazgosCultura Julio 26, 2021

Aristóteles nos advierte en “La Política” que “la mayoría de los tiranos han surgido de demagogos que se han ganado la confianza calumniando a los notables”. El anterior extracto es una clara advertencia contra los populismos que amenazan las democracias. Estos, además de agudizar los problemas de las naciones, crean una atmósfera dialéctica que le da apertura a odios y divisiones. Todo esto es causado por la demagogia, una estrategia muy mezquina que usan algunos políticos, para que, a través de prejuicios, generalizaciones, desinformación, manipulación de hechos y exclusión de otras posturas, ganen popularidad y logren alcanzar el poder. De manera que la demagogia es el preludio del populismo, un fenómeno político internacional que pretende liderar quereres del pueblo cuando en realidad usa ese poder para satisfacer los propios intereses de quien lo ejerce. Ahora bien, Colombia no está exenta de caer en este fenómeno en las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán en el 2022. Estas advertencias planteadas desde la Antigua Grecia deben ser punto de partida a la hora de escoger a nuestros próximos líderes políticos.  

Teniendo en cuenta lo anterior, todo parece indicar que el inicio de la campaña electoral de algunos candidatos se establece en técnicas y discursos populistas. Y eso nos lleva al reciente paro nacional, que, a mi parecer, tuvo dos intenciones. En primer lugar, que algunas personas inconformes con su situación personal se manifestaran legítimamente. Por otro lado, como dijo Nelson Alarcón, uno de los integrantes del Comité del Paro, “para llegar al 2022”, es decir la utilización de este movimiento para favorecer su plataforma política. Lo cierto es que, con el paso del tiempo, terminaron mostrando su verdadero rostro. Esta supuesta manifestación pacífica se salió de las manos de quienes lo promovían y terminó siendo un bloqueo ilegal del país. Estos voceros, con tal de entorpecer al gobierno actual y tratar de favorecerse políticamente, fueron capaces de mantener a Colombia durante más de dos meses en medio de asedios, paralizaciones, caos y vandalismo.

Y ese es el populismo cegador, el que parte de la manipulación de hechos, el que se despliega a través de una narrativa que promueve el odio y el que permite, con tal de favorecer sus intereses, cualquier tipo de lucha contra sus contrincantes políticos. Hay personas que quieren mostrar una visión de Colombia totalmente parcializada. Tratan de ajustar los hechos a sus beneficios ideológicos, situación que causa una separación de la verdad.  Se basan en un falso humanismo que dice respetar los derechos de todos cuando verdaderamente no los hace. Estos grupos políticos plantean una pluralidad de ideas muy subjetiva porque en la realidad nos han demostrado que no pueden tolerar otras posturas que vayan en contravía de lo que ellos promulgan.

Y es por eso que afirmo que la bandera electoral de los populistas es el deterioro de la sociedad. La clara demostración de esto fue el paro nacional que, aludiendo al respeto de los derechos, también violó muchos de ellos; como el derecho a la vida, a la integridad personal, a la propiedad privada, al desarrollo económico, entre otros. En las naciones y en las instituciones siempre van a haber imperfecciones que tendrán que ser mejoradas a lo largo del tiempo, pero no por eso tenemos que destruirlas y estigmatizarlas como pretenden estos emisarios del pesimismo que le hacen daño al proceso constructivo de nuestro país.

Por lo tanto, las palabras de Aristóteles, que vimos al inicio, no pueden pasar de largo en el momento en que participemos en nuestra democracia. No podemos quedar en la indiferencia o en la indignación de lo que hemos visto recientemente. Tenemos que denunciar estas amenazas que atentan contra el bien común. Tenemos que impedir por todos los medios que una mentira repetida mil veces se vuelva verdad. Acerquémonos a esos líderes que buscan construir una nación con base en el respeto, esos que buscan las verdaderas soluciones, ya que los que se autodenominan mesías son los que terminan dando un remedio peor que la enfermedad.

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