¡PUEBLO, SALVEN USTEDES LA PATRIA!

Nuevos liderazgosEducación Octubre 4, 2021

El 2022 se acerca y las voraces campañas políticas de todos los bandos empiezan a mostrar sus cartas para la contienda electoral, que promete avivar las tensiones que el país ha cargado durante los últimos años.


Parece que los aspirantes a ocupar la Casa de Nariño no han aprendido nada de los errores que se cometieron hace cuatro años y los que ha tenido el presidente Duque durante su administración; cada uno de ellos quiere llegar al puesto más importante de la Nación repitiendo la misma falacia: Que ellos llegarán a salvar este país.


¿Salvar de qué? Para algunos, de la «inminente llegada del socialismo»; para otros, «de las oligarquías que hunden a este país en la miseria». Sin embargo, cada vez que llega un "salvador" al poder, este termina convirtiéndose en el motivo para que otros cuantos quieran llegar con el mismo propósito cuatro años después.


Estos acechadores de votos juran ser la reencarnación del coronel Rondón y esperan que nosotros seamos como Simón Bolívar, poniendo la salvación de la patria en sus manos, como si de ellos dependiera nuestra vida, nuestro futuro, nuestros sueños. Como si 50 millones de almas tuviésemos que venerar a aquel al que se le imponga la bandera colombiana cruzada sobre su pecho en una ceremonia tan solemne como hipócrita en la que aplauden sólo sus aliados políticos, lamiéndose la boca de lado a lado, saboreando la mermelada venidera.


Pero es que la salvación de todo un país no puede venir envuelta en un tamal, ni va ligada a un billete con la cara impresa de Gabriel García Márquez.


Definitivamente, la salvación de este país no se va a lograr a través de palabras superfluas que endulzan oídos, ni por medio de bailes ridículos en plena plaza pública repitiendo hasta el cansancio el nombre de un candidato.


Los colombianos tenemos que empezar a pensar de verdad, porque este país se salva es por medio de ideas, proyectos e incluso opiniones, que aunque sean divididas, construyen una conciencia social que permiten el diálogo y las verdaderas concertaciones para hacer avanzar a toda una sociedad.


Los debates no deben darse sólo en los mismos canales de televisión, radio, prensa, ni sólo dirigido a unos pocos. Las confrontaciones ideológicas no pueden llenarse de señalamientos personales ni deberían convertirse en un concurso que intente buscar al que sonría mejor y hable con más elocuencia, como parece estar pasando. En cambio, el intercambio de ideas debería darse en toda plaza pública, todo colegio, toda universidad y todo espacio que se preste para compartir las diversas visiones de Estado que las personas proponen.


Porque sí, la política es de personas, no de figuras políticas, aunque suene contradictorio. Las personas son las que le dan vida a la política y deberían ser quienes tomen las decisiones que este país necesita, si es que queremos ser una verdadera democracia. No podemos esperar que un personaje con ínfulas de salvador venga a arreglarnos la vida, esperando que el Estado paternalista nos dé todo lo que necesitamos y asumiendo que los únicos con voz y voto son aquellos que ostentan el poder.


La salvación de este país no puede ser una cara, un nombre, un cargo. La salvación de este país recae en 50 millones de conciencias con ganas de trabajar y salir adelante en un panorama tan oscuro del que sólo se sale con esfuerzos mancomunados. Un país no debe buscar un mesías, ni volver caudillo a cualquier político que jure buscar lo mejor para todos, ahogando sus deseos autócratas en los discursos de campaña, sólo para llegar a gobernar como los vecinos que tanto critica.


Un país se salva si este se quiere salvar y, para ello, todos tenemos que trabajar. Porque si no entendemos de qué queremos salvarnos, ¿para qué nos vamos a salvar?


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