Solidaridad en tiempos de Coronavirus.

Nuevos liderazgosCultura Febrero 23, 2021

Siempre se ha dicho que en los tiempos de crisis  conocemos verdaderamente quiénes somos y que  ningún mar en calma hizo experto a un marinero.  Sin embargo, creo que no me equivoco al asegurar  que esta tormenta llegó al mundo entero sin que  nadie pudiera estar preparado para sus efectos.  

El COVID 19 inició en diciembre de 2019 en China y  sin pensarlo, en marzo había cubierto el mundo  entero. De un momento para otro nuestra vida en  sociedad quedó suspendida. Ahora, a tan solo unas  semanas de que las medidas fueran tomadas,  es difícil saber con exactitud cuáles serán sus consecuencias, sin embargo, sobre lo que tenemos  certeza es que serán devastadoras para la economía mundial y para la vida de miles de personas.  

Es así como no hay un solo país del mundo que no esté teniendo que enfrentar estas circunstancias y  sería difícil encontrar una sola persona que no haya  visto su vida afectada de alguna manera por la  crisis. Esto solo significa una cosa: estamos  posiblemente ante reto más grande que  tendremos que enfrentar como sociedad y la  verdad es que nuestra responsabilidad va mucho  mas allá de quedarnos en casa. Con esto, no quiero  decir que esto no sea indispensable para hacer  frente a la pandemia, pero sí pienso que lejos de ser  lo único que podemos hacer, es lo mínimo que se  nos pide. En momentos de crisis la sociedad,  contrario a estar llamada a encerrarse en su casa y  disfrutar de días “forzados de vacaciones”, debe  actuar en SOLIDARIDAD.  

Lo que quiero decir con esto es que, si en tiempos  de normalidad creemos que la responsabilidad  sobre nuestros países no descansa completamente  en los Estados, sino que, por el contrario, los Estados  “grandes y omnipotentes” terminan generando  problemas más complejos a medida que la identidad  de las personas se desvanece y que es exactamente por eso que los organismos intermedios juegan un  papel fundamental, entonces no podemos creer  que esto es menos cierto en tiempos de crisis. Es  más, es en tiempos de crisis que una sociedad  fuerte puede ser la cura de muchos males. En momentos de crisis, la familia, las iglesias, las empresas  y las organizaciones juegan un papel crucial.  

La solidaridad, llama a las personas a sentirse  responsables de unos y otros, a entender la  humanidad como una gran familia, en la que el éxito  o la riqueza de algunos, debe ser para el beneficio de  todos, y la debilidad de los otros, es una responsabilidad  de todos. La solidaridad entonces, como dijo el Papa Juan Pablo II no es "un sentimiento de vaga compasión o de superficial angustia ante las desgracias de los demás". Por el contrario, debe ser “una determinación firme y perseverante de comprometerse con el bien común".  

Esto significa que actuar en solidaridad es una  decisión y también una responsabilidad. 

En este sentido, todos tenemos parte en esta crisis.  Todos en la medida del poder o de la capacidad  que tengamos. Ejemplos impresionantes se han  visto alrededor del mundo de colaboración entre  empresas, universidades y hospitales, como el  dispositivo de ayuda respiratoria desarrollada  por Mercedes HPP, University College London y el  Hospital UCL, o el desarrollado por Ferrari. Otro  ejemplo son los equipos de Formula 1 que  compiten online para recaudar fondos, los conciertos que han ofrecido cantantes alrededor del mundo, o  Microsoft que está desarrollando nueva tecnología  para rastrear o identificar el virus, las universidades  alrededor del planeta que volcaron sus laboratorios  para desarrollar todo tipo de dispositivos que aporten  a la crisis, incluida la Universidad de La Sabana en Colombia, entre muchos otros. 

Esta misma responsabilidad la tienen todas las  empresas medianas y pequeñas, de agotar todas las posibilidades antes de cortar el salario de sus  empleados en mayor necesidad; de cobrar lo  mínimo posible para mantener a flote su empresa,  pero para permitir que otros sigan beneficiándose  de sus servicios y de, bajo ninguna circunstancia, aprovechar la crisis en favor de su riqueza o beneficio individual (inflando precios, por ejemplo). Igualmente, las familias que aún conservan sus ingresos de continuar pagando el salario de sus empleados  domésticos, y es la misma responsabilidad que tenemos todos de pensar en comunidad y de decidir  que todas nuestras acciones estén dirigidas al bien común. 

Esto implica, sentarse y hacer un plan de las medidas  que podemos tomar como personas y familias  para ayudar a otro que está en una peor posición  que la mía ¿cómo? Con consumo solidario,  apoyando los negocios en necesidad, y para esto, si  es necesario, incluso modificar nuestras rutinas.  Eso significa, pedir a restaurantes locales o  cercanos (y planear hacer esto conscientemente)  a pesar de que no sea la comida de nuestra  preferencia o incluso aun pudiendo cocinar en la  casa, solo guiados por la conciencia de que, si estoy  en la capacidad de ayudar a alguien que lo necesita,  debo hacerlo. Lo mismo con todo tipo de almacenes  o servicios. Incluso si no hay negocio.  

Últimamente he visto cientos de post en Facebook  de personas que están promoviendo grupos de  4-5 personas que conservan su trabajo para donar  mensualmente entre $10,000 o $20,000 pesos a  alguien que perdió su trabajo, o personas que están  dividiendo artículos de mercado para asegurarse  de poder armar 2 o 3 mercados completos, o hacer pedidos en Rappi y luego regalarle el pedido al Rappi tendero, ofrecer hacer las compras a personas  en mayor vulnerabilidad para evitar que salgan,  donar implementos para los médicos y personal  sanitario, entre decenas de otras iniciativas. En  Colombia, en el 2018, la informalidad laboral afectó  a 10,8 millones de personas, todas estas personas necesitan ayuda.  

Implica también, pensar cómo mi carrera o  conocimientos pueden servir a nuestras  comunidades y ponerlos a funcionar. Hemos visto  en este tiempo, decenas de iniciativas diferentes:  cursos online, conferencias gratuitas, talleres  grupales, círculos de desahogo, clubs de lectura,  tejido, etc. Todo lo imaginable. Todavía es difícil  pensar que fue una crisis la que nos puso a todos en  el mismo nivel, la humanidad entera está sufriendo exactamente lo mismo. Esto tiene que ser una  
oportunidad para saber que lo que usted está deseando en este momento, seguramente lo está necesitando alguien más. Sus conocimientos financieros, sus recetas preferidas, incluso su compañía, sus ideas sobre cómo enfrentar la  
soledad o la ansiedad. La crisis nos fuerza a ser creativos y mejores.  

Estoy segura de que si al terminar de leer esta articulo usted se sienta a pensar una sola cosa que puede hacer por el bien común, o por el bien de una persona, va a tener más de una idea. Hágala. Lo que para usted puede ser un pequeño esfuerzo para otro puede ser la diferencia, aún más si todos los miembros de la sociedad se movilizan en la misma dirección. Nada de esto pasa solo, requiere voluntad y acción. Si en esta crisis mundial usted tiene un poquito más de lo que necesita, es su deber buscar cómo darlo. El poder Estatal solo no nos va a sacar de una dificultad de esta magnitud. En tiempos de crisis, más sociedad, también es la respuesta, más aún: humanidad y solidaridad es la  
respuesta. En resumen, tenemos que cambiar el chip por completo y decidir con acciones concretas actuar en solidaridad, no caigamos en el engaño de pensar que este no es nuestro problema, que no tenemos ninguna responsabilidad, que solo tenemos que disfrutar de la cuarentena y buscar cómo entretenernos o que ya estamos haciendo suficiente quedándonos encerrados, pensemos qué otro paso podemos dar y démoslo.


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