Palabras de Francisco Miranda Hamburger en la ceremonia virtual de premiación del Concurso “Felipe Márquez Robledo” a la mejor columna de opinión, video y caricatura juvenil de Visión Colombia 2022

Bogotá, agosto 4 de 2021

Buenas tardes.

Agradezco a Visión Colombia 2022 por la honrosa invitación a ser el orador principal de esta ceremonia de premiación. Quiero enviar un saludo a los directivos de los centros de pensamiento aliados: Corporación Pensamiento Siglo XXI y su presidente María Elisa Uribe; Mejor Así y su director Juan Manuel Charry; Derecho Justo y su director Carlos Tribín; Nueva Democracia y su director Cristián Rojas y Libertank y su director Camilo Guzmán, así como a todos sus consejos directivos, promotores y equipos de trabajo. Saludo también al Consejo Asesor del Proyecto Visión Colombia, al jurado y a todos los que hicieron posible este encuentro de hoy.

Agradezco además a Visión Colombia 2022 la valiosa iniciativa de convocar un concurso de columnas de opinión, videos y caricaturas orientado a las ideas de la juventud colombiana. Una especial mención merece Felipe Márquez Robledo por apoyar con entusiasmo esta dimensión imprescindible de este proyecto: la de nuevos liderazgos que se formen alrededor de ideas como la defensa del Estado de Derecho, el libre mercado y la protección de las libertades y la iniciativa libre y privada como pilar innegociable del desarrollo socioeconómico y de la superación de la pobreza.

Pero mis mayores agradecimientos están dirigidos esta tarde a todos y cada uno de los participantes en el concurso. A todos los jóvenes que aceptaron la difícil invitación a plasmar en papel, dibujos e imágenes sus opiniones y reflexiones sobre este conjunto de ideas y su estado actual en nuestra sociedad. Gracias y felicitaciones- no solo a los ganadores que pronto anunciaremos sino a todos los que rompieron el bloqueo de la página en blanco- o la primera toma- para expresar sus pensamientos.

Les agradezco porque vivimos tiempos de exceso de opiniones personales y déficit de ejercicios de reflexión, exceso de eslóganes prefabricados y déficit de pensamiento crítico, exceso de virtualidad y déficit de realidad. Experimentamos hoy sobrecarga de caudillismo y escasez de proyectos colectivos, mucho populismo y poca complejidad, demasiada indignación sin rutas de acción. Y cada una de las piezas presentadas al concurso “Felipe Márquez Robledo” constituye un intento de antídoto al facilismo con el que estamos como sociedad abordando tanto la definición de nuestros problemas sociales más acuciantes como el proceso de políticas públicas y el papel privado para enfrentarlos y resolverlos.

He tenido el privilegio y la buena fortuna de trabajar buena parte de mi vida, alrededor de la exposición, publicación, propagación y discusión mediática de noticias, propuestas, plataformas y lo que podríamos llamar “ideas políticas”. En esas arenas del intercambio, conocí hace ya muchos años al doctor Rodrigo Pombo, a quien aprovecho para saludar. Rodrigo es una de las personas que conozco con mayor compromiso para incentivar el difícil proceso de destilar ideas, y en especial la identificación de aquellas ideas que puedan ser compartidas por una generación.

Cada uno de ustedes, jóvenes participantes, conoce íntimamente qué tan difícil fue el camino plasmar esas ideas. Solo cada uno sabrá en qué o quién se inspiró, qué nudo mental quiso desatar, qué demonio intelectual intentó exorcizar o a quién buscaba persuadir. El jurado tuvo la ingrata tarea de seleccionar los ganadores, pero la experiencia es de ustedes y nadie se las puede quitar. De hecho, lo ideal sería que repitieran ese proceso interno, una y otra vez, de selección de temas y agendas, de investigación y definición de argumentos y de inyección de retórica y persuasión.

Más que lo ideal, es lo que yo honestamente les deseo. Que la participación en el concurso de Visión Colombia 2022 los haya retado tanto que la búsqueda y expresión de ideas sea su nueva manera de conocer y de aprender. Porque esa sociedad de democracia liberal, estado de Derecho y promoción productiva solo se construye, defiende y protege en la batalla de las ideas.  

Corrientes y contracorrientes ideológicas golpean entre ellas en cada momento histórico del mundo, de cada país y de cada sociedad. Y, al igual que Keynes, soy un convencido que es en los primeros años de la juventud que se forma la conciencia política y social de cada uno. Son precisamente estas condiciones las que están moldeando en el largo plazo nuestra “sensibilidad” política, que como diría George Will “es más que una actitud pero menos que una agenda”. Esa sensibilidad es una tendencia a ver y experimentar de una cierta manera los hechos sociales.

Permítanme, estimados jóvenes participantes, compartir con ustedes algunas respetuosas sugerencias para abordar mejor esta invitación a la complejidad, al pensamiento crítico, a los matices de la realidad que guían mis palabras de hoy.

La primera es evitar la militancia ciega y aceptar la complejidad. Ideas como la defensa de las libertades no son atajos intelectuales sino avenidas amplias que necesitan construcción y adaptación permanente. El desafío no es pintar e izar la bandera que agitamos, sino todo lo que la sostiene, le da sentido a esos símbolos e instituciones y cuándo necesitan significados más actualizados. Seamos asta y no paño por más excitante que sea ondear al viento.

La segunda es que la política y los cuerpos de ideas más transformadores son aquellos en los que el verbo se convierte en acción. No hay ideología completa sin caminos claros de implementación, ejecución y retroalimentación de las políticas públicas y de los ejercicios desde el sector privado y las empresas. Nunca despreciemos a los que hacen, como decía Theodore Roosevelt, “el reconocimiento pertenece al hombre que está en la arena, quien se esfuerza valientemente, quien yerra, pues no hay esfuerzo sin error ni fallo”.  

Tercero, las ideas son permanente evangelización y reproducción en el largo plazo, es decir, retórica. Ya lo dijo Aristóteles: “la retórica estudia los modos de persuasión, los discursos que buscan cambiar o reforzar valores, creencias y llamados a la acción. La “regla de tres” de la retórica aristotélica sigue vigente tras 2.400 años: logos( la razón), pathos (la emoción) y ethos( el carácter de quien habla).

Un cuarto consejo es sobre el estudio y dominio de los problemas que buscamos resolver con las ideas que profesamos. Esta sugerencia está ligada con la invitación a abrazar la complejidad de los temas. Lo complejo requiere conocimiento, información de buena fuente, contrastación y abordaje crítico.

En quinto lugar estaría la conexión con la cuestión ética y moral. Cada momento histórico, cada generación enfrenta distintos desafíos en la definición de cuál es la problemática o la situación, o problemáticas en plural,  que debe concentrar los esfuerzos ideológicos: ¿la libertad, la Justicia, la pobreza? Hay buenos y malos resultados de la implementación de las ideas políticas, sociales y económicas, hay lo correcto y lo incorrecto, lo erróneo y lo positivo.  Déjenme decirles que, para mí y tras la pandemia, esa cuestión ética es la superación de la pobreza vía un crecimiento económico equitativo y desde la iniciativa privada de todos los tamaños.

Sexto, nunca olvidemos que nadie tiene “el monopolio del corazón”. Esa expresión viene de una anécdota del debate presidencial francés en 1974 entre el socialista Francois Mitterrand y el centroderechista Valery Giscard D´Estaing. Miterrand se presentó en ese debate como el único capaz de mostrar compasión y atención a los más desfavorecidos de la sociedad. Giscard D´Estaing le respondió: “Señor Miterrand, usted no tiene el monopolio del corazón”.

Una séptima sugerencia a todos los participantes de este concurso proviene más de la comunicación que de la política o la filosofía. Definamos y delineemos nuestras ideas siempre con la intención, además de persuadir, de que “peguen”, de que circulen, o, en términos más modernos, de que “se viralicen”. Imbuyamos nuestras ideas de simplicidad, de concreción, de emocionalidad y, sobre todo, de la capacidad de convertirse en historias.

Quisiera concluir esta lista con una última recomendación junto a la invitación a todos para que sigan “manoseando” las ideas y el debate público. Como todos saben, antes de mi actual posición como director del diario Portafolio, trabajé como jefe del equipo de escritores de discursos para el presidente Iván Duque. Ha sido uno de los trabajos más demandantes y más fascinantes de toda mi trayectoria profesional.

Leyendo sobre ese oficio de la escritura de discursos, el speechwriting como llaman en Estados Unidos, encontré una frase del jefe de iscursos del presidente Dwight Eisenhower, Malcolm Moos. “Somos carpinteros, no arquitectos”, recordaba Moos a los dos miembros de su equipo en la Casa Blanca. Cada vez que me enfrento a esas manifestaciones maximalistas de las ideas políticas, recuerdo ese mensaje. Para llegar a ser arquitectos, el humilde trabajo de la carpintería de las ideas, los mensajes, las propuestas y la implementación es una senda menos pomposa pero más anclada a la realidad.

Muchas gracias.

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