Introducción: respuestas al populismo*

Narrativa históricaCultura Septiembre 6, 2021

*Prólogo del libro "Pensando en Colombia, Letras y Esperanza para el País que Soñamos".

Admito que quedé asombrada. Nunca pensé que la manipulación de la izquierda radical obtuviera un triunfo tan aplastante. Las violentas revueltas de Chile en 2019, protagonizadas por hordas salvajes muy bien organizadas, convencieron al planeta de que el país más próspero de la región, el que avizoraba un futuro prometedor a la vuelta de la esquina, era pura fachada. Que, en realidad, se trataba de una nación pobre, magra en logros económicos, que había engañado a todos con imágenes de progreso falsas.

Como por arte de magia, en solo unos días, evaporaron la gesta de todo un país, de conseguir que a la dictadura de Augusto Pinochet le sucediera una respetuosa alternancia de gobiernos de izquierda y derecha. Al éxito de la pacífica transición política, algo que hoy en día deberíamos alabar al observar a Venezuela, habría que agregar que ambas tendencias mostraron buenos resultados de gestión. 

Lo decepcionante no fue solo la efectividad de la ristra de mentiras que replicaron durante las semanas de revueltas, sino la reacción del Ejecutivo de Sebastián Piñera. Quizá acomplejado por tratarse de uno de los hombres más ricos de Chile y encabezar un Gobierno de signo derechista, en lugar de confrontar la gran falacia, agachó la cabeza y guardó un silencio atronador. Su única respuesta, al margen de concesiones populistas, consistió en ofrecer la nueva Constitución que los opositores exigían, como si una torre de papel, atiborrada de artículos, pudiera transformarse en alguna suerte de milagroso motor de bienestar social.

Aunque algunos crean que la maniobra de convertir el indiscutible milagro chileno en un fracaso no tendrá consecuencias para Colombia, lo cierto es que estamos ante un mensaje que va calando en las naciones latinoamericanas. Lo grave es que en casi todas existe una izquierda populista, efectista y combativa, empeñada en pervertir la realidad y reescribir la historia. Su objetivo final es la conquista del poder a cualquier precio, al tiempo que rompe las reglas democráticas para perpetuarse en el sillón presidencial.

Los ejemplos abundan y el futuro augura que será difícil no repetir el mismo error. Aunque las comparaciones suelen ser odiosas, es inocultable que en la orilla contraria las aventuras populistas de los últimos tiempos son de corto alcance y no consiguen alterar las reglas del juego para enquistarse en el poder. Además, concitan el rechazo universal. El esperpéntico Jair Bolsonaro sería su principal baluarte y ha sido tan evidente su raquítica capacidad de gobernanza, sus incontables bufonadas, que resulta vergonzoso, incluso, para buena parte de sus votantes.

En el polo opuesto, sin embargo, la opinión pública suele ser condescendiente. El socialismo del siglo xxi y la creación de la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (alba), con el irrestricto respaldo de gobiernos que decían abrazar los derechos humanos, verificó la facilidad con que los corrosivos populismos de izquierda pueden avanzar en el hemisferio sur del continente.

Aunque Colombia ha esquivado esa ola hasta el momento, reúne las condiciones para caer más adelante en la tentación de abrazar a los vendedores de imposibles, máxime con las catastróficas consecuencias de la pandemia procedente de China. Con millones cayendo en la pobreza y la miseria, el horizonte cargado de nubarrones puede ser el cultivo ideal para que recojan su mejor cosecha.

¿Cómo contrarrestarlos? El libro que tiene en sus manos, iniciativa de Visión Colombia 2022, reúne un sinnúmero de propuestas que podrían ser la respuesta. Y lo hace desde la perspectiva de los defensores de la democracia liberal y la economía de mercado. Nada ha generado en el planeta más equidad que el sistema de libre empresa, por mucho que la propaganda izquierdista insista en negarlo.

Lo positivo de Visión Colombia 2022, además de expresar sus ideas con firmeza en estos tiempos de dictadura de lo “políticamente correcto” y del tsunami populista, es marcar una clara hoja de ruta. Y hacerlo con la confianza plena en las capacidades de los colombianos para superar sus muchas carencias.

Pero no será suficiente pintar un futuro con colores brillantes, en lugar de los lúgubres que inspiran una cotidianidad frustrante, para despejar las tormentas. Habría que comenzar, antes que nada, por soltar el lastre de la corrupción. Sin ese primer paso esencial, que encontramos en la raíz de los problemas más agobiantes, todos los intentos de cambio posteriores estarán condenados al fracaso.

Solo citaré a la justicia como parte de un engranaje perverso. Carente de credibilidad por los vicios que arrastra, no da signos convincentes de querer afrontar la reforma que el país exige. Todos sabemos que, sin jueces y tribunales limpios y confiables, el tren del desarrollo nunca abandonará la estación.

Tan crítica es su situación que hemos elevado a los altares a un adefesio judicial. No parece lógico que Colombia alardee de la tutela cuando se trata de una figura que desnuda la preocupante debilidad institucional. Que cientos de miles de colombianos deban recurrir a semejante invento para reclamar servicios por los que paga y a los que tiene derecho, en lugar de orgullo, debería ser motivo de rechazo general.

Podría seguir al infinito, continuar con la radiografía de la enfermedad sin ofrecer remedios para curarla. Los medicamentos los dejo en manos de quienes firman las columnas que ha recopilado Visión Colombia 2022.

Es un antídoto contra los nefastos populismos de todo signo que amenazan con instalarse en nuestra región.


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